Zoodles con pesto de espinaca 3


¿Alguna vez os habéis parado a pensar cómo influyen las formas y texturas de los alimentos en la percepción final de su sabor? Yo es algo a lo que he comenzado a prestar especial atención desde que me he interesado por la dieta crudivegana. Dentro del crudiveganismo se juega mucho con eso para conseguir platos completamente diferentes a partir de un mismo vegetal. Que la comida entra primero por los ojos, es un hecho. Pero es que jugar con diferentes tipos de corte y rallado no solo puede hacer que un alimento nos apetezca mas o menos, sino que puede cambiar por completo la experiencia de comerlo. Por ejemplo, la coliflor. Hasta hace unos cuantos meses ni siquiera sabía que se podía comer cruda y, no solo se puede, si no que permite elaborar platos tan interesantes como este tabbouleh crudivegano, cuyo sabor no guarda el más mínimo parecido con la coliflor cocida. ¿Y qué decir de los calabacines? Toda mi vida comiéndolos en puré, en pistos, rellenos… pero siempre cocinados, hasta que hace como mucho un par de años descubrí la delicia que supone comerlos crudos, la cantidad de platos que permiten elaborar y el extra de vitaminas que nos aportan así. La primera vez que los comí crudos fue marinados y me encantaron, así que después me resultó mucho más fácil animarme a añadir trocitos, cortados bien finos, a las ensaladas y, en poco tiempo,usar bastones o rodajas de calabacín como crudité para acompañar ciertos dips.

El summum de mi historia de amor con los calabacines crudos fue el momento en el que descubrí que cortados en tiras largas y finitas daban el pego muy, pero que mucho para elaborar platos de pasta crudivegana, en los que el sabor del calabacín queda relegado a un quinto o sexto plano. Si no me creéis haced la prueba de servirle un plato de espaguetis de calabacín con una buena cantidad de la salsa que prefiráis a alguien (no a un crudivegano experto, obvio) y pedidle que trate de adivinar que es. Al principio, creí que para hacer esos deliciosos zoodles (zucchini noodles) que veía en Instagrams y blogs ajenos, era condición sine qua non poseer un sofisticado (y relativamente caro) espiralizador. Pero un día, pelando zanahorias, reparé en lo bien que cortaba mi pelador y decidí probar a convertir diferentes vegetales en noodles (pepino, calabacín, las propias zanahorias). El resultado, si bien era más parecido a un tallarín que a un espagueti, me encantó y, desde entonces, la pasta de calabacín o zoodles son un básico en mi casa. ¡Hasta a mi carnívoro le encanta! Y a todas las amistades con tendencias carnívoras a las que se los he “crucinado”, también. Lo más importante es elegir una salsa que creas que les va a gustar. La de hoy es un pesto de espinacas muy aligerado que aunque con su verdor intenso puede disuadir a algunos de comerlo (si, tengo amigos que me dicen cosas como “eso se ve demasiado sano” con cara de desagrado), con su sabor, los hará cambiar de idea en cuanto lo prueben. Así que, hacedme caso y poneros a espiralizar, ¡os viciaréis! De hecho… mi spiralizer está finalmente en camino hehehe. Dejó de parecerme caro cuando comprendí el gran uso que le iba a dar 😉 .

Zoodles con champiñones y pesto de espinacas

Tallarines de calabacín , champiñones marinados e ingredientes para la salsa de espinacas en el vaso de la batidora.

INGREDIENTES:

Para los zoodles:

  • 4 calabacines

Para los champiñones macerados:

  • 300 g de champiñones
  • 3 cucharadas de salsa de soja
  • 2 cucharadas de chimichurri (o en su defecto 1 cda de vinagre, 1/2 de aceite, un ajo picado, orégano y pimienta cayena)

Para el pesto de espinaca:

  • 200 g de espinacas frescas
  • 1 trocito de unos 5 cm de calabacín
  • 2 dientes de ajo
  • 40 g de nueces pacanas
  • 2 cucharadas colmadas de levadura desamargada
  • 1 dátil medjool
  • Sal
  • Agua (unas 6 cucharadas)

PREPARACIÓN:

Para los espaguetis de calabací crudiveganos (zoodles):

  1. Pelamos (si queremos, yo no lo suelo hacer) los calabacines y cortamos con un espiralizador o un buen pelador de verduras. También podemos hacer láminas con una mandolina y cortar en tiras con un cuchillo. Sacamos tiras finitas hasta llegar al corazón, donde están las semillas. Reservamos esos trozos para otra preparación.

Para los champiñones marinados:

  1. Lavamos y laminamos los champiñones.
  2. Los ponemos en un bol donde agregamos los ingredientes de la marinada. Removemos bien y dejamos reposar al menos media hora.

Para el pesto de espinacas:

  1. Ponemos todos los ingredientes, menos el agua, en el vaso de la batidora y trituramos. El agua la vamos añadiendo poco a poco hasta lograr la consistencia deseada.

Montaje:

  1. Mezclamos lo zoodles con los champiñones y la salsa. Removemos bien y disfrutamos esta comida sabrosa, saciante y saludable.
Espaguetis-tallarines de calabacín y champiñones marinados con mucha salsa de espinacas

Et voilá! Baña tus zucchini noodles en tanta salsa como desees y aliña una ensalada verde con la salsa sobrante para una experiencia aún más completa.

 


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3 Comentarios en “Zoodles con pesto de espinaca

  • Ester de la Fuente

    Genial este super plato raw!! Como te lo montas 😉 Yo he dado algunos pasos al crudiveganismo, pero todavía no me atrevo del todo… aunque está claro que se trata de ponerle ganas e imaginación!!
    Me encanta el color del pesto!!! Besos guapa

    • binhasalgada Autor

      Pues la verdad que si, con imaginación puedes conseguir platos crudiveganos increíbles. Pero, por supuesto, hay que ir paso a paso. Creo que el propio cuerpo te va pidiendo poco a poco transiciones hacia un estilo de vida más saludable. Una vez que has dado el paso y has comenzado a interesarte por ello, ya no hay marcha atrás hehe. Yo no me he planteado ni de lejos ser 100% raw, pero sin planearlo, estoy haciendo cada vez más comidas a base de frutas y verduras crudas y me siento de maravilla.
      Un besazo!