Bioconstrucción: la salud del hábitat 2


La Bioconstrucción mejora nuestra salud y calidad de vida creando espacios saludables en armonía con los seres vivos y con el entorno. Para ello se tienen en cuenta las diversas variables que pueden afectar a la calidad del aire que respiramos y las necesidades individuales de cada uno. Para conocer un poco más sobre esta disciplina, he entrevistado a la arquitecta catalana Silvia Ferrer Dalmau, especialista en Bioconstrucción.

Silvia llegó al mundo de la bioconstrucción en 2006, a raíz de una crisis que casi la hace abandonar su profesión de arquitecta. “No veía sentido a lo que hacía […], parecía que solo importaba el dinero”, cuenta. Pidió una baja porque no esta bien física ni emocionalmente y, durante ese tiempo, conoció a un médico que le prescribió asistir a un congreso sobre Salud del Hábitat que tendría lugar en Barcelona. “Fue un shock, todo era nuevo […]. Al cabo de unos años hice el Máster en Bioconstrucción y empecé a reconciliarme con mi profesión porque descubrí que hay otra manera de hacer arquitectura“.
Silvia en la cocina

¿Qué significa bioconstrucción?

Bioconstrucción es la traducción literal de la palabra alemana baubiologie (biología de la construcción). “Así como la biología estudia la relación de los seres vivos con la naturaleza, la biología de la construcción estudia la relación de los seres vivos con el entorno artificial construido por el hombre“, explica Silvia. Para ella, hay que diferenciar entre arquitectura y construcción. La arquitectura, como fue concebida originalmente, estaba relacionada con el entorno, con los materiales autóctonos, el clima, los paisajes, las personas. Era en sí misma bioconstrucción. Pero a partir de la época industrial se produce una divergencia entre esta y la construcción que solo tiene en cuenta la utilidad y rentabilidad del edificio. Así, podemos decir que la construcción es la industrialización de la arquitectura y la bioconstrucción lo que propone es una vuelta a los orígenes. “Es como con la comida”, dice Silvia. “Hablamos de agricultura bio o productos ecológicos, cuando en realidad lo que buscamos es un retorno a la manera tradicional de producir los alimentos”.

La bioconstrucción tiene en cuenta diferentes parámetros para crear interiores saludables y, al mismo tiempo, crear un impacto positivo en su entorno, aplicando la filosofía del cradle to cradle (de la cuna a la cuna), que sostiene que “el ciclo de vida de un objeto ha de ser como un árbol que nace, da sus frutos (se usa) y cuando se muere, vuelve a la naturaleza y sirve de compost”, nos explica. “Una de las cosas que tienen que quedar claras, porque mucha gente se confunde, es que bioconstrucción no son solo los materiales utilizados”, recalca Silvia. Al ser la cara más visible, se tiende a pensar que con utilizar materiales naturales ya estamos aplicando técnicas de bioconstrucción. “Pero antes de llegar a los materiales, estudiamos el entorno (si hay una fábrica, una carretera…), el territorio (vientos, sol, las radiaciones naturales que vienes de la tierra y las artificiales, como cables, antenas, etc.), el ruido…”. Tras estudiar todos estos elementos, se deciden las medidas a tomar en base al presupuesto de cada uno, a sus preferencias y a si es una reforma o una obra nueva. “En el fondo, lo importante de un espacio en bioconstrucción es la calidad del aire que se respira. Esto depende de los materiales, de las instalaciones eléctricas, de la humedad, de la temperatura, de la toma de tierra… de un montón de factores. La bioconstrucción lo que busca es cómo se ha de hacer esta envolvente para que yo respire aire de calidad”, sintetiza Silvia.

Los edificios actuales nos están enfermando

El actual modelo de construcción afecta tanto a la salud del individuo como a la del medio ambiente. “Las enfermedades emergentes o medioambientales como la sensibilidad química múltiple, fibromialgia, fatiga crónica o el síndrome del edificio enfermo son patologías provocadas, entre otras cosas, por la desnaturalización de la vivienda“, nos cuenta Silvia, que apunta que también hay otros factores que influyen en estas enfermedades (excepto en el síndrome del edificio enfermo), como la alimentación o el ritmo de vida.

“Cada individuo es diferente y las casas se tendrían que adaptar a nuestro ser. Los colores, las formas, los materiales, tendrían que adaptarse a los gustos y a la psicología del individuo. Hoy en día se contruyen edificios estandarizados, todos iguales y tecnificados ( con climatización y luz artificial, moquetas, materiales sintéticos, etc.) donde las personas parecen ser lo último que importa. Esta tecnificación es una de las causas del síndrome del edificio enfermo que afecta a los que viven o trabajan en él.

“Otro factor problemático es el gas radón. “Es un gas radioactivo que emana de la tierra en mayor o menor cantidad según la zona. Galicia, por ejemplo, es un foco importante de gas radón, -señala-. Está super estudiado que aumenta las posibilidades de sufrir cáncer de pulmón. Es, de hecho, la segunda causa de cáncer de pulmón en el mundo. Hay recomendaciones de la OMS sobre la concentración máxima admisible en una vivienda y, aunque en otros países hay leyes, aquí no se aplica”. Afecta mucho a los sótanos y las zonas bajas de los edificios, pero puede filtrarse hacia arriba. Lo bueno es que es un factor medible y que una de las soluciones es tan simple como ventilar más la vivienda.

Silvia con la hotpan

Pequeños cambios pueden mejorar tu salud

A veces, no son necesarios grande cambios para notar como mejora el ambiente en una vivienda. Es muy importante, sobre todo, ubicar bien los lugares de larga permanencia como la cama o el lugar de trabajo. Si estás durmiendo en una zona geopatógena es muy probable que se refleje en tu salud. “Ya hay médicos que en su práctica habitual consideran la evaluación de la vivienda una vez descartadas otras posibles causas de la enfermedad. Muchas veces con tan solo desplazar la cama unos centímetros se consiguen grandes mejoras“, cuenta Silvia. “Cuando dormimos es cuando el cuerpo se regenera, si hay una geopatía en el lugar donde duermes va a restar capacidad de regeneración al cuerpo y el sistema inmunológico se va a resentir”. Otras medidas sencillas que casi todos podemos aplicar en casa son ventilar adecuadamente, apagar el wifi cuando no lo uses, utilizar en los grifos mecanismos para ahorrar agua, instalar un sistema purificador del agua, utilizar una pintura ecológica si tenemos que hacer reformas, etc.

En cuanto a si es caro o barato bioconstruir, Silvia dice que “nos ajustamos al presupuesto del cliente. De bioconstrucción se pueden hacer mil cosas, pero si una persona dice quiero hacer una mejora en mi casa y tengo este presupuesto te vas a adaptar. Ahora la demanda es baja, pero a medida que vaya aumentando se irán ajustando los precios. Hay que tener en cuenta que aunque son productos más caros, estás pagando calidad y salud y cuando lo aplicas la gente se siente de otra manera”.

Bioconstrucción en la cocina

En la cocina, más aún que en el resto de la casa, es importante tener una buena ventilación, pero también hay que cuidar los utensilios empleados (evitar lo de plástico, o al menos los que contengan Bisfenol-A, y los antiadherentes con teflón) y los métodos de cocción. “La cocina crudivegana es la más limpia en este sentido. Es difícil decir cuál es la mejor opción entre la cocina de gas, la vitro o la inducción“, dice Silvia. “Depende de cada consumidor. Hay muchos factores a tener en cuenta. la eficiencia que buscas o necesitas en la cocina, el impacto global , etc. Por ejemplo, el gas está provocando muchos problemas políticos y para mí esto es muy importante. Todos los problemas que está causando el fracking…”, continúa y nos recomienda ver Gasland. “El impacto medioambiental es enorme y eso hay que tenerlo en cuenta. Al final, todas tienen sus problemas, por eso es importante elegir la que más se ajuste a nuestras necesidades y tomar ciertas precauciones”.  En este artículo de su blog, podéis ampliar la información sobre el tema.

Falta mucha concienciación

Cuando le pregunto como se siente respecto al futuro, Silvia comenta que falta mucho trabajo, pero hay que ser optimista. “Por el momento estamos en la fase de lo que comemos, y poco a poco se ve preocupación por lo que nos ponemos, pero aún no ha llegado la preocupación por dónde vivimos. Reacciona la gente que ha tenido algún problema, pero en general aún falta mucho por andar. Al ser algo que no se ve, parece que no existe el problema, lo que dificulta mucho la concienciación. Lo bueno es que la gente que llega hasta aquí ya no cambia y puede influir y contagiar a su entorno. Confío en el poder que tenemos las personas para transformar. Si tú cambias, generas un cambio“.  Y me gustaría que todos nos quedáramos con esta última frase. ¡Muchas gracias, Silvia!

Si tienes ganas de seguir aprendiendo sobre el tema, Silvia dará un taller de iniciación a la Bioconstrucción el próximo sábado día 30. Mientras disfrutáis de un desayuno delicioso y saludable, Silvia explicará diferentes aspectos a tener en cuenta para conseguir un hogar saludable. Yo he asistido a uno de sus talleres el año pasado y es altamente recomendable, ¡aprenderás demasiado!

Este taller forma parte de un ciclo de cocina holística basado en el principio de la casa René:

“Tan importante es lo que comemos, como los utensilios que utilizamos y cómo y dónde lo cocinamos”.

Si quieres más información del evento, aquí está: https://www.facebook.com/events/154090188286651/

Y para que no te quedes con las ganas y por haber leído hasta el final…

Silvia y yo vamos a sortear una plaza en este taller, entre todos los que dejéis un comentario en esta entrada. Si no puedes asistir porque te pilla lejos o te viene mal, puedes participar igual y regalarle la plaza a quien tú quieras :)
Silvia


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