Decálogo para una alimentación sostenible


Enero, ese momento del año en que nos sobran las buenas intenciones, me ha parecido el momento ideal para elaborar un decálogo con gestos sencillos y al alcance de todos para llevar una alimentación sostenible este 2017. No soy partidaria de venirse arriba y cargar tantos buenos propósitos en la mochila que solo consigamos terminar con dolor de espalda. Pero podemos aprovechar esa energía de cambio que suele fluir en el aire estos días, para revisarnos y cambiar algunos hábitos que sin suponer un trabajo desmesurado pueden crear una gran diferencia en nosotras mismas, en nuestro entorno y en la huella de que dejamos al mundo.

Consumir (o dejar de hacerlo) es un acto político y dado que todas tenemos que alimentarnos (normalmente, varias veces al día), elegir qué y cómo comemos puede ser uno de los mayores gestos de activismo que llevemos a cabo en nuestra vida. Por eso, aunque podríamos hablar de tener un consumo más ético en general, hoy he decidido centrarme en diez pequeñas costumbres que nos ayuden a llevar una alimentación sostenible este 2017.

DECÁLOGO PARA UNA ALIMENTACIÓN SOSTENIBLE

La alimentación vegana es vistosa, sabrosa y sostenible

1. Organiza y planifica. En España se desperdician de media medio kilo de alimentos en buen estado por persona a la semana. Somos el séptimo país que más comida desperdicia con 7,7 millones de toneladas en el último año. En la mayor parte de los casos esto se podría evitar con una mejor organización y planificación en la cocina. Así que lo primero que deberíamos hacer es revisar nuestra nevera y alacena y ordenarlas de manera que quede claro qué tenemos y qué alimentos tenemos que consumir primero. Y, después, decidir qué y cuánto necesitamos comprar para solucionar nuestras próximas comidas.

2. Averigua el origen de tus alimentos. Procura que tu comida  viaje lo menor posible para llegar hasta el plato. Reducirás el gasto en combustible y el impacto ambiental. Además, potencias el comercio local y evitas que productoras de las zonas menos afortunadas sean explotadas para satisfacer tus deseos. Hoy en día, ya se producen en España muchos alimentos que antes se consideraban exóticos como la quinoa, la chia o frutas como la papaya, el kiwi y el mango. Es irrisorio que en muchos supermercados comprar, por ejemplo, garbanzos españoles cueste el doble o el triple que comprarlos mexicanos, pero merece la pena hacer el esfuerzo si podemos. Sobre todo, teniendo en cuenta que al final las legumbres no dejan de ser un alimento barato.

3. Compra a granel. Además de llevarte la cantidad exacta que necesitas, evitarás un montón de envases superfluos. Para un nivel pro, lleva tus propios tuppers, tarros o bolsas reutilizables. Cuando no los lleves, intenta reducir al mínimo el uso de bolsas plásticas, por ejemplo, guardando varias cosas juntas una vez pesadas.

4. Elige mercado sobre supermercado. Vale que en el supermercado lo tienes todo junto y con un horario mucho más amplio, pero piensa bien que estás apoyando cuando gastas ahí tu dinero. Que el dinero sea manejado por grandes corporaciones, que las empleadas sean explotadas con jornadas larguísimas por sueldos mínimos, que los alimentos vengan del otro lado del mundo y envasados en cuatro capas de plásticos… Potencia el pequeño comercio y la economía local,comprando en el mercado o en la frutería de tu barrio y de paso cuida tu salud al evitar tentarte con un motón de productos superfluos. Lo que nos lleva directas al siguiente punto.

5. Reduce el consumo de alimentos procesados. No solo suelen tener un horrible perfil nutricional con grandes cantidades de sal, azúcar y harina refinadas, sino que son un derroche de envases, están producidas por compañías a las que les importa poco y nada el medio ambiente y suelen llevar entre sus ingredientes productos tan lamentables como el aceite de palma.

6. Aprende a hacer los básicos de tu cocina. Si elaboras tus propias leches y lácteos vegetales, salsas, patés, masas, etc., no solo estarás comiendo mucho más sano y económico sino que evitarás un montón de bricks y envases. Empieza por lo más sencillo, como la leche vegetal, que no tiene ninguna ciencia hacerla y estarás evitando tirar un brick de leche a la basura cada pocos días, además de poder hacerla con ingredientes de proximidad sean avena, almendras o arroz. Aquí tienes algunas recetas.

7. Elige productos de temporada. Aunque hoy en día podemos encontrar lechugas en invierno o sandía todo el año, eligiendo en cada época los productos que le son propios, disfrutaremos de alimentos más sabrosos, económicos y sostenibles. Además, podremos ahorrar un montón aprovechando las ofertas cuando hay abundancia de un determinado producto y disfrutaremos de una alimentación más variada a lo largo del año. ¡Comer tu primera cereza en primavera después de haberlas esperado durante todo el año hará que te sepa mucho mejor!

8. Cocina y congela. Aprovechar las ofertas de un determinado producto o querer optimizar el tiempo y energía invertidos en la cocina son dos de los motivos que nos pueden llevar a comprar y cocinar más cantidad de la que podremos comer antes de que se eche a perder. Siempre es una estrategia inteligente y nos amaremos a nosotras mismas cuando un día de vagancia tengamos varios tupper de comida preparada o semipreparada en el congelador.

9. Ecológico no significa saludale ni sostenible. Esto es importante resaltarlo, ya que es mucha la gente que piensa que so términos correlativos ¡y nada más lejos de la realidad! Una piña de Costa Rica no tiene nada de sostenible por muy ecológica que sea y unas galletas con azúcar, harina refinada y aceite de palma no tendrán nada de saludables lleven el sello que lleven en el paquete.Así que sí, compra ecológico si puedes, pero siempre priorizando lo local y de temporada y evitando los procesados.

10. Si aún no lo eres, considera seriamente hacerte vegana y, si no, al menos reduce el consumo de ingredientes animales a un par de veces por semana. La ONU fue categórica al respecto en su último informe sobre sostenibilidad y medio ambiente:

Impacts from agriculture are expected to increase substantially due to population growth, increasing consumption of animal products. Unlike fossil fuels, it is difficult to look for alternatives: people have to eat. A substantial reduction of impacts would only be possible with a substantial worldwide diet change, away from animal products.

O sea que la única manera de reducir el impacto de nuestra alimentación sería un cambio global a una dieta sin productos animales. ¿No te parece motivo suficiente para intentarlo?

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